domingo, 12 de mayo de 2019

Domingo IV de Pascua

1ª lectura:  Hechos de los Apóstoles 13,14.43-52; Salmo 100(99),2.3.5; Apocalipsis 7,9.14b-17; Evangelio según San Juan 10,27-30.

Queridos/as hermanos/as:

¡Qué bueno es Dios!, que nos ama tanto, al extremo de dar su vida por nosotros.

Obra del P. Ricardo Ramos.
Celebramos el cuarto domingo de Pascua, conocido como Domingo del Buen Pastor, siendo también la jornada mundial de oración por las vocaciones.

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús como Buen Pastor. Para quienes somos originarios de la ciudad, nos es difícil comprender esta imagen, y también para quien vive en el campo, ya que ser pastor hoy es muy diferente de lo que lo era en tiempos de Jesús. Pero para la gente de la época era una imagen por demás elocuente.

Sin embargo, no es difícil acceder al mensaje que transmite. El Buen Pastor conoce por su nombre a cada una de las ovejas de su rebaño, no permite que ni una se le pierda, y está dispuesto a dar la vida para protegerlas. Según el terreno, va adelante para guiar, o detrás para proteger a todas. No pasa lo mismo con el pastor asalariado, que no se compromete con el rebaño, que son para el un grupo de "cosas" ajenas, a las que no le interesa conocer, y por las cuales no estaría dispuesto a arriesgar nada; ante el primer peligro huye, dejando al rebaño expuesto a los peligros.

A nivel personal, la figura y experiencia del maestro es la que más me ha ayudado a comprender la imagen del Buen Pastor. El buen maestro conoce la vida de cada uno de sus alumnos, está atento a que ninguno se le quede por el camino, y cuida a sus alumnos como si fueran sus propios hijos. No pasa lo mismo con algunos asalariados de la enseñanza, a quienes les importa solo cumplir un horario y cobrar el sueldo. 

Todo esto viene a hacernos tomar conciencia de que Dios nos conoce personalmente, se preocupa por nuestro bienestar, y como Buen Pastor dio su vida para salvarnos del peligro. Sin merecimiento de nuestra parte, Él nos convirtió en sus hijos y nos llama a ser semejantes a Él. Éste es el destino de nuestra vida si lo aceptamos: llegar a ser semejantes a Él, ser plenos, ésta es la más absoluta felicidad.

También nos ha regalado la posibilidad de actuar como el Buen Pastor. No solo los sacerdotes, sino todos los bautizados estamos llamados a ayudar a nuestros hermanos a escuchar la voz del Señor, a no distraerse con otras voces, a no dejar que nadie se pierda. 

Con razón el salmista nos invita diciendo: "
Sirvan al Señor con alegría
... 
él nos hizo y a él pertenecemos; 
somos su pueblo y ovejas de su rebaño. 
¡Qué bueno es el Señor! 
Su misericordia permanece para siempre, 
y su fidelidad por todas las generaciones. 

A este Dios tan bueno le vamos a pedir que nos regale descubrir nuestra vocación, y les regale a todos aquellos que ya la han descubierto, sea en el matrimonio, sea en la vida consagrada, la gracia necesaria para ser felices; y a María, Madre del Buen Pastor, que nos ayude a estar atentos a la voz del Señor como las ovejas al Buen Pastor.

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