domingo, 5 de junio de 2016

Fiesta Patronal II. Celebración Eucarística.

A las 10 comenzamos nuestra celebración, con la presencia del Arzobispo de Montevideo, el Cardenal Daniel Sturla sdb.
Además de la comunidad parroquial, llegaron amigos de otras comunidades, como por ejemplo, nuestro Párroco anterior, el P. Richard Arce, junto a su mamá, Fermín Otegui, seminarista que asistió al Cardenal, algunos representantes de la comunidad de Santa María de La Ayuda, del Cerro, donde el P. Leonardo ejerció su ministerio en los dos años anteriores, la comunidad de la Obra Banneux, de las hermanas Vicentinas, representantes de nuestras dos capillas, San Pablo y N. S. de la  Luz. También nos acompañó el P. Adolfo Ameixeiras, Capellán de la Obra Banneux.
El grupo de la catequesis familiar una vez más tuvo una participación especial, explicándonos el origen de nuestra Fiesta, presentando el pan y el vino en ofrenda, y repartiendo un recuerdo de la Fiesta a los asistentes.
El Cardenal Sturla hizo énfasis en su homilía en el amor y el perdón, que son el centro del mensaje que los Sagrados Corazones nos quieren transmitir.
La Eucaristía estuvo animada por un coro conformado por las Hijas de la Natividad de María de la Obra Banneux, de la hermana Vicentina Gilberta, y otros laicos de la comunidad.
Pedimos al Señor que, como dice la hermosa cartelera que prepararon las hermanas Vicentinas, su Sagrado Corazón nos ayude a gustar de su misericordia.

Fiesta Patronal I. "Con el corazón dilatado".

Que al finalizar esta Fiesta, quedemos todos "con el corazón dilatado", fue el deseo que nuestro arzobispo, el Cardenal Sturla, nos trasmitió durante su homilía. Al finalizar nuestra Fiesta, luego de la limpieza para que todo siga como siempre, la sensación que nos quedó fue exactamente esa, sentimos que quedamos con el corazón dilatado.


Con el corazón dilatado, por contemplar una vez más cuánto nos ama Dios, cómo sigue haciendo maravillas a través de cosas sencillas, cómo se hace presente en la fraternidad que vive una comunidad sencilla como la nuestra, cómo su alegría nos mueve y contagia.
Con el corazón dilatado de acción de gracias: a Dios, por todo lo que hoy nos regaló; a nuestro arzobispo Daniel, por su actitud de disponibilidad y cercanía con la comunidad; con cada persona que vino a la Fiesta, algunos, venidos de lejos; a cada persona que de distintas maneras colaboró para que la Fiesta saliera como salió.
Con el corazón dilatado por experimentar una vez más ¡qué bueno es Dios!
A Él le pedimos que siga bendiciendo a nuestra comunidad, para que pueda ser testimonio de su presencia y de su amor, en un barrio tan castigado en los últimos días.

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sábado, 4 de junio de 2016

Preparando la Fiesta Patronal IX.

Ya está todo pronto para la fiesta.


Hoy fue un día de intenso trabajo, y aún queda algún detalle para terminar.
Hemos preparado la celebración de mañana con mucho cariño. Lo que nos importa es poder celebrar nuestra Fiesta en comunidad.
No importará si somos muchos o pocos, si llueve o está lindo, si está frío o templado.
Lo que importa es como comunidad podamos celebrar el gran amor de Jesús y María.
Gracias a todos los que colaboraron para que esta fiesta sea posible.
Nos vemos mañana.

Preparando la Fiesta Patronal VIII.

Inmaculado Corazón de María
Sábado posterior al segundo domingo después de Pentecostés. 4 de junio 2016


Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net 



La devoción al Inmaculado Corazón de María, junto con la del Sagrado Corazón de Jesús, fue promovida por San Juan Eudes en el siglo 17.

El Papa Pío VII y Pío IX sugirieron su celebración como Purísimo Corazón de María.
En 1944, el Papa Pío extendió esta devoción a toda la Iglesia fijando la celebración del Inmaculado Corazón de María el 22 de agosto, ocho días después de la Asunción.

Con la renovación litúrgica, se le restó importancia a esta fiesta para dársela a las principales fiestas marianas y, se cambió la fecha para un día después de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

San Juan Eudes, decía que el Corazón de María es la fuente y el principio de todas las grandezas y excelencias que la adornan y que la hacen estar por encima de todas las creaturas; por ser hija predilecta de Dios Padre, madre muy amada de Jesús y esposa fiel del Espíritu Santo.
Y que ese santísimo Corazón de María es fuente de todas las virtudes que practicó.

También San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, profesó un inmenso amor a esta advocación.
Quiso que sus misioneros, salieran por todo el mundo extendiendo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue un profeta de Fátima, porque en Fátima la Virgen personalmente nos manifestó que Dios quería salvar al mundo, por medio de su Inmaculado Corazón.

La fiesta del Inmaculado Corazón de María sigue a la del Sagrado Corazón de Jesús. El corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: “María conservaba estas cosas en su corazón”

El corazón de María conservaba como un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siempre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén, o la adoración de los pastores ante el pesebre, y la presencia, un poco más tarde, de los Magos con sus dones,... y la profecía del anciano Simeón, y las preocupaciones del viaje a Egipto.

Más tarde, el corazón de María sufrió por la pérdida de Jesús en Jerusalén a los doce años de edad, según lo relata San Lucas en el evangelio de hoy.
Pero María conservaba todas estas cosas en el corazón....
Jamás olvidaría los acontecimientos que rodearon a la muerte de su Hijo en la Cruz, ni las palabras que le oyó decir: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Y al mirar a Juan ella nos vio a todos nosotros. Vio a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó con su Corazón de madre, con el mismo Corazón que amó a Jesús.

Pero María ejerció su maternidad desde antes que se consumase la redención en el Calvario, pues Ella es madre nuestra desde que prestó su colaboración a la salvación de los hombres en la Anunciación.

En el relato de las bodas de Cana, San Juan nos revela un rasgo verdaderamente maternal del Corazón de María: su atenta disposición a las necesidades de los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante.

La devoción al Corazón de María no es una devoción más. Nos lleva a aprender a tratar a nuestra Madre con más confianza, con la sencillez de los niños pequeños que acuden a sus madres en todo momento: no sólo se dirigen a ellas cuando están en gravísimas necesidades, sino también en los pequeños apuros que le salen al paso. Las madres les ayudan a resolver los problemas más insignificantes. Y ellas – las madres – lo han aprendido de nuestra Madre del Cielo.

Hoy queremos encontrarnos con María, con nuestra madre. Si recurrimos confiados a ella, ella nos va a decir qué debemos hacer y sentiremos su amor por nosotros. Ese mismo amor que Jesús tiene por cada uno de nosotros. y ella nos dirá que nos quiere, que nos quiere con toda su alma.

Pidamos a Dios que preparó en el Corazón de María, una morada digna al Espíritu Santo, que haga que nosotros, por intercesión de la Santísima Virgen lleguemos a ser templos dignos de su gloria.

Consagración al Sagrado Corazón de María

Oh Corazón Inmaculado de María, por tu perfecta comunión de amor con el Corazón de Jesús, eres la escuela viviente de total consagración y dedicación a Su Corazón.

En tu Corazón, Oh Madre, queremos vivir para aprender a amar, sin divisiones, al Corazón de Jesús; a obedecerle con diligencia y exactitud; servirle con generosidad y a cooperar activa y responsablemente en los designios de Su Corazón.

Deseamos consagrarnos totalmente a tu Corazón Inmaculado y Doloroso que es el camino perfecto y seguro de llegar al Corazón de Jesús. Tu Corazón, es también refugio seguro de gracia y santidad, donde nos vamos liberando y sanando de todas nuestras oscuridades y miserias.

Deseamos pertenecer a tu Corazón, Oh Virgen Santísima, sin reservas y en total disponibilidad de amor a la voluntad de Dios, que se nos manifestará a través de tu mediación maternal.

En virtud de esta consagración, Oh Inmaculado Corazón, te pedimos que nos guardes y protejas de todo peligro espiritual y físico. Qué nuestros corazones ardan con el fuego del Espíritu como arde tu Corazón.

Qué unidos a ti, que eres la portadora por excelencia de Cristo para el mundo, y ungidos por el poder del Espíritu Santo, seamos instrumentos para dar a un mundo tan árido y frío, el amor, la alegría y la paz del Corazón de Jesús.

viernes, 3 de junio de 2016

4º encuentro de la comunidad Betania.

Acabamos de finalizar un nuevo encuentro de la comunidad de Betania. 
Además de compartir nuestra vida, reflexionamos el capítulo segundo de la EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL, AMORIS LAETITIA, DEL SANTO PADRE FRANCISCO, SOBRE EL AMOR EN LA FAMILIA.
Este capítulo describe la serie de desafíos a los que se enfrenta la familia hoy. Compartimos un fragmento:



33. ...«hay que considerar el creciente peligro que representa un individualismo exasperado que desvirtúa los vínculos familiares y acaba por considerar a cada componente de la familia como una isla, haciendo que prevalezca, en ciertos casos, la idea de un sujeto que se construye según sus propios deseos asumidos con carácter absoluto». «Las tensiones inducidas por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute generan dentro de las familias dinámicas de intolerancia y agresividad». Quisiera agregar el ritmo de vida actual, el estrés, la organización social y laboral, porque son factores culturales que ponen en riesgo la posibilidad de opciones permanentes. Al mismo tiempo, encontramos fenómenos ambiguos. Por ejemplo, se aprecia una personalización que apuesta por la autenticidad en lugar de reproducir comportamientos pautados. Es un valor que puede promover las distintas capacidades y la espontaneidad, pero que, mal orientado, puede crear actitudes de permanente sospecha, de huida de los compromisos, de encierro en la comodidad, de arrogancia. La libertad para elegir permite proyectar la propia vida y cultivar lo mejor de uno mismo, pero si no tiene objetivos nobles y disciplina personal, degenera en una incapacidad de donarse generosamente. De hecho, en muchos países donde disminuye el número de matrimonios, crece el número de personas que deciden vivir solas, o que conviven sin cohabitar. Podemos destacar también un loable sentido de justicia; pero, mal entendido, convierte a los ciudadanos en clientes que sólo exigen prestaciones de servicios.

Preparando la Fiesta Patronal VII.

Ora y Labora.

La Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús sorprendió a parte de la comunidad orando y trabajando.
Es que a las 14 parte de la comunidad vino a la parroquia para limpiar y arreglar el templo en vistas de la celebración del domingo.


Más tarde, a las 16:30 tuvimos adoración eucarística, y a las 17, la Santa Misa.

Varias personas están trabajando mucho, para que todos podamos celebrar el domingo con alegría.


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Preparando la Fiesta Patronal VI.

El Sagrado Corazón de Jesús y nuestro corazón
Jesucristo

Durante este mes de junio nos llama nuevemente a nosotros: ¡Mirad cómo os he amado! ¡Sólo os pido una cosa: que correspondáis a mi amor!


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Catholic.net 



Todo este mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Por eso vamos a meditar, sobre el significado y la actualidad de la devoción al Corazón de Jesús.

Este culto se basa en el pedido del mismo Jesucristo en sus apariciones a Santa Margarita María de Alacoque. Él se mostró a ella y señalando, con el dedo, el corazón, dijo: “Mira este corazón que tanto ha amado a los hombres y a cambio no recibe de ellos más que ultrajes y desprecio. Tú, al menos ámame”. Esta revelación sucedió en la segunda mitad del siglo diecisiete.

Hoy en día, tenemos que preguntarnos: ¿es popular entre los jóvenes esta devoción? ¿La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es de interés palpitante para nuestro tiempo actual?

Cuando hablamos del Corazón de Jesús, importa menos el órgano que su significado. Y sabemos que el corazón es símbolo del amor, del afecto, del cariño. Y el corazón de Jesús significa amor en su máximo grado; significa amor hecho obras; significa impulso generoso a la donación de sí mismo hasta la muerte.

Cuando Cristo mostró su propio corazón, no hizo más que llamar nuestra atención distraída sobre lo que el cristianismo tiene de más profundo y original; el amor de Dios. También durante este mes nos llama nuevemente a nosotros: ¡Mirad cómo os he amado! ¡Sólo os pido una cosa: que correspondáis a mi amor!

Nuestra respuesta del amor, en general, no es muy adecuada a su llamada. Porque sufrimos una grave y crónica afección cardíaca, que parece propia de nuestro tiempo: está disminuyendo e incluso muriendo el amor; el corazón se enfría y ya no es capaz de amar ni de sentirse amado.
Es una característica de los últimos tiempos - como nos indica la Santa Escritura – de que se “enfriará la caridad de muchos” (Mt 24,12).

¿Quién de nosotros no sufre bajo esta enfermedad del tiempo actual? ¿Quién de nosotros no sufre bajo esta falta de amor desinteresado hacia Dios y hacia los demás? ¿Quién de nosotros no se siente cautivo de su propio egoísmo, el cual es el enemigo mortal de cada amor auténtico? ¿Y quién de nosotros no experimenta, día a día, que no es amado verdaderamente por los que lo rodean?

Cuántas veces nuestro amor es fragmentario, defectuoso, impersonal, porque no encierra la personalidad total del otro. Amamos algo en el otro, tal vez un rasgo característico, tal vez un atributo exterior (- su lindo rostro, su peinado, sus movimientos graciosos -) pero no amamos la persona como tal, con todas sus propiedades, con todas sus riquezas y también con todas sus fragilidades.

Tampoco amamos a Dios tal como Él lo espera: “con todo nuestro corazón. Con toda nuestra alma. Con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas” (Mc 12,30).

He aquí, pues, el sentido y la actualidad de nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús. A este tan enfermo corazón moderno contraponemos el corazón de Jesús, movido de un amor palpable y desbordante. Y le pedimos que una nuestro corazón con el suyo, que lo asemeje al suyo. Le pedimos un intercambio, un transplante de nuestro pobre corazón, reemplazándolo por el suyo, lleno de riqueza.

¡Que tome de nosotros ese egoísmo tan penetrante, que reseca nuestro corazón y deja inútil e infecunda nuestra vida! ¡Que encienda en nuestro corazón el fuego del amor, que hace auténtica y grande nuestra existencia humana!

Debiéramos juntarnos también con la Santísima Virgen María. Ella tiene tan grande el corazón que puede ser Madre de toda la humanidad. ¡Que, con cariñoso corazón maternal, ella nos conduzca en nuestros esfuerzos hacia un amor de verdad, sin egoísmo y sin límites!

¡Qué así sea!

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.