miércoles, 6 de junio de 2018

Historia de la parroquia: 1988, 50 años.


37. En 1988 la comunidad sigue su marcha. Compartiendo las necesidades, los sufri­mientos y los esfuerzos de nuestros barrios en la búsqueda de una vida más humana para todos. Testimoniando desde dentro de ese caminar juntos la esperanza que nos sostiene: Jesucristo. Escuchando su palabra, celebrando su presencia, dejándonos penetrar por su Espíritu que todo lo transforma. Apoyándonos, corrigiéndonos fraternalmente, sabiendo que, como dice San Pablo, somos miembros los unos de los otros. Juntándonos en grupos de revisión de vida para ayudarnos a superar el individualismo y la pasividad, que siempre nos acechan. Para comprometernos en serio con los demás en la gestación de un mundo nuevo, apoyados en Aquel que nos precede e impulsa con su promesa y su fuerza.

38. Demos gracias a Dios porque al recorrer los 50 años de existencia de nuestra comunidad parroquial descubrimos un pasado lleno de valores vividos y de tes­timonios que nos estimulan a seguir caminando. Esta memoria viva nos ayude a construir con nuestro esfuerzo y nuestra confianza en Dios, un hombre, un barrio, un país más justo, fraterno y evangélico.

lunes, 4 de junio de 2018

Historia de la parroquia: P. Cacho y P. Pablo presos.


36. No faltan los momentos difíciles. El 10 de Febrero de 1988 el barrio fue conmocionado por un procedimiento policial desusadamente espectacular en torno a la casa parroquial. Dos menores que habían cometido un robo se refugian allí y la policía comienza a disparar a través de ventanas cerradas poniendo en peligro la vida tanto de los menores como del P. Pablo y Luis, un seminarista que estaba adentro. No finalizó en una tragedia porque Pablo, arriesgándose en medio de disparos logró llegar hasta un grupo de policías que había ingresado a la casa parroquial por una ventana y advertirles que no había resistencia. 
Pocos días después se llevan preso al P. Cacho quien pasa toda una noche en la comisaría por querer salir de garantía de que una señora del barrio San Vicente se iba a presentar a la policía y evitar así que ella pasara allí toda la noche.
Cuando al otro día el P. Pablo va a interesarse por Cacho a la comisaría lo detienen también a él por hablar con un detenido. El 15 de mayo roban la camioneta de la parroquia.

domingo, 3 de junio de 2018

Agenda parroquial en torno a las fiestas próximas.


Martes 12 de junio: Misa de los 80 años de la parroquia.


Viernes 8 de junio: Celebración comunitaria de la Unción.


Corpus Christi.

1ª lectura: Éxodo 24,3-8; Salmo 116(115),12-13.15-16.17-18; Hebreos 9,11-15; Evangelio según San Marcos 14,12-16.22-26.

Queridos/as hermanos/as:

¡Qué bueno es Dios!, que porque nos ama se hizo pan que nos alimenta y nos regala la vida eterna.

Celebramos hoy la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, una oportunidad para profundizar sobre el significado y la importancia de la Eucaristía en nuestra vida.
¡Qué bueno es Dios!, que nos conoce en profundidad, y porque sabe que necesitamos signos concretos, eligió permanecer entre nosotros en forma de un poco de pan y vino consagrados.

Como decimos luego de la consagración, “este es el sacramento/misterio de nuestra fe”. Como dijimos la semana pasada, es un misterio, algo que se nos manifiesta aunque no por completo, que nos implica, pero no se deja poseer por completo, que no se ajusta a nuestros esquemas mentales, pero si creemos en él transforma nuestra vida.

Sabemos que la Eucaristía fue instituida por el mismo Jesús en la Última Cena. En esa cena, Jesús instruyó por última vez a los discípulos antes de la Pasión. Fue una comida pascual. Los judíos celebraban en ese día la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto. Celebraban la Alianza que Dios hizo con su pueblo, como leímos en la lectura del Éxodo. Jesús cambió por completo el significado de esa comida al decir que el pan partido es su Cuerpo, y el cáliz, es el cáliz de la alianza nueva y eterna, de la sangre que será derramada para la salvación del mundo. De esta manera anticipó su acto de amor extremo en la Cruz, donde su carne será despedazada., y su sangre derramada, donde por su fidelidad nos reconcilió con Dios, nos salvó. Al agregar "hagan esto en memoria mía", pensó en nosotros, en todos aquellos que no estuvimos presentes en la Cruz, para que hoy, al celebrar la Eucaristía, actualicemos en nosotros los efectos salvíficos de la Cruz. Así es que la Eucaristía es un gran regalo del amor de Dios.

La Carta a los Hebreos nos enseña que el mismo Jesús es el garante de la Nueva Alianza. La Antigua Alianza fue muchas veces quebrantada por el pecado del pueblo. Esta Nueva Alianza es eterna, porque Jesús mismo con su fidelidad la selló para siempre. Aunque nosotros fallemos y con nuestras actitudes rompamos la relación con Dios, la Alianza no se quiebra, porque Él, Jesús, fue fiel hasta el fin.

Con razón el salmista se pregunta "¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?" Pero Dios mismo estableció la Eucaristía como la acción de gracias por excelencia. Jesús nos dice en el Evangelio según San Juan, que Él es el pan vivo bajado del Cielo, pan que da vida, pan que nos regala la plena comunión con Dios y nuestros hermanos, pan que nos regala la verdadera felicidad.

Así que, si tendremos motivos para decir ¡qué bueno es Dios! Hoy le damos gracias por regalársenos como alimento.

A este Dios que es tan bueno, vamos a pedirle que nos ayude a crecer en conciencia de la Eucaristía como acto de amor; de que no importa que nos parezca "aburrida"; no importa si el sacerdote tiene más o menos carisma; si hay guitarra y coro o no; lo que importa es que celebramos que Dios nos ama tanto como para darse a nosotros como alimento. Y a María, nuestra Madre que nos ayuda, ella que nos dio a luz al Pan del Cielo, que nos ayude a tener un corazón disponible como ella a la acción del Espíritu y así podamos ser misioneros de su amor, que se hace realmente presente en cada Eucaristía.