Las Acacias, Montevideo, Uruguay.
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domingo, 31 de julio de 2016
jueves, 28 de julio de 2016
18º encuentro de BIblia de la comunidad de la sede.
En la tarde de hoy tuvimos un nuevo encuentro de lectura orante de la Biblia con la comunidad de la sede parroquial.
Primero trabajamos en base a la regla del discernimiento de los espíritus de San Ignacio de Loyola, a raíz de la inquietud de una de las integrantes de la comunidad (y que publicamos en nota aparte).
Luego retomamos la lectura del Libro de los Hechos 13,13-52.
Hoy comenzamos el viaje junto a Pablo y Bernabé, que nos llevará a la transmisión del Evangelio por toda Asia Menor.
Una vez terminada la evangelización de la isla de Chipre, Bernabé y Pablo penetran en el interior de Asia Menor. Viajan de Pafos a Perge en Panfilia y gradualmente se abren paso hasta Antioquía de Pisidia, donde entran en la sinagoga de los judíos. Ahora Lucas deja constancia del primer discurso importante de Pablo en los Hechos, pronunciado en Antioquía de Pisidia (13, 16b-41).
Para ver el material que trabajamos haga click aquí.
Reglas para discernir los espíritus, de San Ignacio de Loyola.
Reglas
para de alguna manera sentir y reconocer las distintas inspiraciones que
aparecen en el alma
De San Ignacio
de Loyola.
Ignacio de
Loyola (Azpeitia, c. 23 de octubre de 1491-Roma, 31 de julio de 1556) fue un
militar y luego religioso español, surgido como un líder religioso durante la
Contrarreforma. Su devoción a la Iglesia católica se caracterizó por la
obediencia absoluta al papa. Fundador de la Compañía de Jesús de la que fue el
primer general, la misma prosperó al punto que contaba con alrededor de mil
miembros en más de cien casas —en su mayoría colegios y casas de formación—
repartidas en doce provincias al momento de su muerte. Sus Ejercicios
espirituales, publicados en 1548, ejercieron una influencia proverbial en la
espiritualidad posterior como herramienta de discernimiento. La Iglesia católica
lo canonizó en 1622, y Pío XI lo declaró patrono de los ejercicios espirituales
en 1922.
Para San
Ignacio, el discernimiento de espíritus es un proceso cuyo fin es elegir, en
oración, entre caminos buenos, solamente lo que más conduce al servicio y alabanza
de nuestro Señor, y a nuestra salvación.
Reglas:
1 A las
personas que van de pecado mortal en pecado mortal, el enemigo comúnmente
acostumbra proponerles placeres aparentes, haciéndoles imaginar deleites y
placeres sensuales para conservarlas y aumentar sus vicios y pecados. En ellas,
el buen espíritu obra de modo
contrario, cuestionándolas y
remordiéndoles la conciencia a través de la razón.
(El mal espíritu nos empuja “barranca abajo, de
pecado a pecado mayor).
2 En las
personas que van purificándose intensamente de sus pecados y creciendo en el servicio
a Dios, es al contrario que en la primera regla: es propio del mal espíritu morder, entristecer y poner
impedimentos, inquietándolas con falsas razones para que no sigan adelante. Es propio del bueno dar ánimo y fuerzas,
consolaciones, lágrimas, inspiraciones y paz, facilitando y quitando toda traba
para que progresen obrando el bien.
3 Llamo consolación cuando en el alma aparece
algún movimiento interior que la inflama de amor a su Creador y Señor; ya no puede amar a ninguna cosa creada
sino al Creador de todas ellas. También cuando derrama lágrimas de amor a su
Señor, ya sea por el dolor de sus pecados, o de la Pasión de nuestro Señor
Jesucristo, o de otras cosas directamente ordenadas a su servicio y alabanza.
Finalmente, llamo consolación a todo
aumento de la fe, esperanza y caridad, y a toda alegría interior que llama
y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud del alma, aquietándola y
pacificándola en su Creador y Señor.
4 Llamo desolación a todo lo contrario de la
consolación, así como oscuridad del
alma, turbación, inclinación a cosas bajas o terrenas, inquietud debida a
diversas agitaciones y tentaciones, tendencia a la infidelidad, sin esperanza
ni amor, hallándose el alma toda
perezosa, tibia, triste y como separada de su Creador y Señor. Porque así
como la consolación es contraria a la desolación, los pensamientos que tenemos
en la consolación son contrarios a los que tenemos en la desolación.
|
Consolación
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Desolación
|
|
Amor
a Dios o a los hermanos
|
Desconfianza
|
|
Aumento
de fe
|
Falta
de amor
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|
Alegría
interior
|
Predilección
por cosas “secretas”
|
|
Tranquilidad
y paz
|
Tristeza.
Tibieza en mí, no jugármelas por entero.
|
5 En tiempo de desolación nunca hacer cambios,
sino permanecer firme y constante en los propósitos y determinación en que
estaba antes de la desolación, o en la consolación anterior. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más
el buen Espíritu, así en la
desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar un camino acertado.
6 Dado que en
la desolación no debemos cambiar los primeros propósitos, ayuda mucho trabajar intensamente contra la misma
desolación, insistiendo más en la oración y la meditación, discerniendo con
cuidado, y extendiéndonos convenientemente en hacer penitencia.
7 El que está
en desolación considere cómo el Señor le ha dejado en prueba con sus
capacidades naturales, para que resista a las diversas agitaciones y
tentaciones del enemigo con el Auxilio divino, que siempre le queda aunque no
lo sienta claramente…
8 El que está en desolación trabaje por
crecer en paciencia, que es contraria a las tribulaciones que le vienen, y
piense que pronto será consolado, poniendo los medios contra la desolación como
está dicho en la sexta regla.
9 Hay tres causas principales de desolación:
- por ser tibios, perezosos o negligentes
en nuestro crecimiento espiritual, y así por nuestras faltas la consolación se
aleja de nosotros;
- para probarnos, para ver cuánto valemos
y cuánto nos esforzamos en el servicio y la alabanza, sin tantas consolaciones
y crecidas gracias;
- para que interiormente sintamos que no es de nosotros tener gran
devoción, amor intenso, lágrimas ni alguna otra consolación, sino todo es don y gracia de Dios nuestro
Señor; y para que no nos instalemos en esas cosas alzando nuestro entendimiento
en alguna soberbia o vanagloria, atribuyéndonos tal consolación.
10 El que está en consolación piense cómo
estará en la próxima desolación, y fortalézcase para entonces.
11 El que está en consolación trate de
humillarse y bajarse cuanto pueda, pensando qué poca cosa es en tiempo de
desolación, sin esta gracia de consolación. Por el contrario, el que está en desolación, piense que puede
mucho con la gracia de Dios, la cual es suficiente para resistir a todos
sus enemigos, y así fortalézcase en su Señor.
12 … Es propio del enemigo debilitarse,
desanimarse y retirar sus tentaciones cuando se resisten y enfrentan sus
ataques. Si uno comienza a temer y a
desanimarse en la lucha contra las tentaciones, no hay animal en la Tierra tan fiero como el enemigo de la
humana naturaleza, que busque hacer daño con tanta mala fe.
13 Asimismo, el enemigo se parece a un vano
enamorado en querer ser secreto y no
descubierto. El hombre vano que intenta seducir a una hija o mujer casada quiere que sus palabras y sugerencias sean
secretas, y le molesta mucho cuando la hija al padre o la mujer al marido
descubren sus palabras engañosas y su intención depravada, porque deduce fácilmente
que no podrá salirse con la suya. De igual manera, cuando el enemigo de la humana naturaleza trae astucias y sugerencias
al alma justa, quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto. Si
se descubren al buen confesor o a otra persona espiritual que conozca sus
engaños y malicias, le molesta mucho,
porque sabe que al haber sido descubierto ya no podrá lograr su objetivo.
14 Asimismo, el enemigo actúa como un asaltante para
vencer y robar lo que desea. Así como un capitán, estudiando las fuerzas o
disposición del adversario, le combate
por la parte más débil, de la misma manera el enemigo de la humana
naturaleza, rondando, examina todas nuestras virtudes —teologales, cardinales y
morales—, y por donde nos halla más
débiles y necesitados nos ataca y trata de tomarnos.
Otras reglas importantes:
15 Es propio de Dios y de sus ángeles, en
sus mociones, dar verdadera alegría y
gozo espiritual, quitando toda tristeza y turbación que el enemigo induce;
del cual es propio militar contra la tal alegría y consolación espiritual, trayendo
razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias.
16 Propio es del ángel malo, que toma la
apariencia de ángel de luz, entrar con la ánima devota, y salir consigo; es
a saber, traer pensamientos buenos y santos conforme a la tal ánima justa, y
después, poco a poco, procura de salirse, trayendo a la ánima a sus engaños
cubiertos y perversas intenciones. (El
mal espíritu se “disfraza de bueno”).
martes, 26 de julio de 2016
13º encuentro de Biblia de la comunidad de La Luz.
A pesar del fuerte temporal, como nos reunimos en la casa de una de las integrantes de la comunidad de la Capilla N. S. de La Luz, fue posible tener un nuevo encuentro de lectura orante de la Biblia.
En esta ocasión meditamos sobre el martirio del Apóstol Santiago, cuya fecha celebramos ayer, y la liberación milagrosa del Apóstol Pedro.
Este texto nos llevó a reflexionar sobre el poder de la fe y oración en comunidad. Además, el autor del libro de los Hechos, San Lucas, nos está mostrando cómo la Palabra de Dios avanza victoriosa sin que nada la pueda frenar.
Para finalizar compartimos la siguiente canción que pensamos que refleja muy bien la vivencia de Pedro y la primera comunidad.
domingo, 24 de julio de 2016
Domingo XVII del tiempo ordinario, ciclo C.
1ª lectura: Génesis 18,20-32; Salmo 138(137),1.2a.2b.2c.2d.2e-3.7c.8; Colosenses 2,12-14; Evangelio según San Lucas 11,1-13.
Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios!, que nos escucha siempre cuando lo invocamos. Ésto es lo que nos invitaba a decir la antífona del salmo de hoy, y una de las enseñanzas que, acerca de la oración, nos trasmite la Palabra de Dios.
Muchas personas se quejan de que Dios no los escucha. Esto no es cierto. Como dice el salmo, Él nos escucha siempre cuando lo invocamos, lo que pasa es que nos responde muchas veces de manera distinta a lo que esperamos. Pero siempre lo que nos dé será para nuestro bien; ésta es otra de las enseñanzas que nos trasmite Jesús en el fragmento que meditamos hoy.
En el Evangelio vemos a Jesús rezando. Su manera de rezar es distinta a las de las autoridades religiosas de su época. Su oración es un diálogo de amor con su Padre. Es ésto lo que despierta en los discípulos el deseo de aprender a orar como Jesús lo hace. Jesús, como buen Maestro, les enseña el "Padre Nuestro", una oración de fácil memorización, pero de una profundidad inigualable. Primero nos ayuda a llamar a Dios "Padre". El recitarlo todos los días nos ayuda a recorrer el largo camino que va desde nuestra mente a nuestro corazón, de saber intelectualmente que Dios es nuestro Padre, a vivirlo afectivamente. Segundo, enseña a pedir lo fundamental. Nos enseña a pedir que se cumpla la Voluntad de Dios, es decir, el proyecto de Dios para nuestra vida, y éste es que seamos plenamente felices en comunión con Dios y nuestros hermanos. Luego nos enseña a preocuparnos sólo por lo necesario para el día, "porque el mañana traerá sus propios problemas". A continuación les trasmite la necesidad de perdonar a los hermanos para ser perdonados.
Luego, a partir de ejemplos nos enseña la necesidad de ser insistentes en la oración, de confiar en que Dios nos dará siempre cosas buenas.
En definitiva: las lecturas de hoy nos llevan a revisar nuestra vida de oración. ¿Nos dirigimos a Dios con la confianza con la que un hijo se dirige a su Padre? ¿Soy consciente que Él siempre me escucha y responde?, ¿o pienso que no me escucha porque no sucede lo que deseo? ¿Qué le pido a Dios? ¿Es lo que más necesito? Cuando oro, ¿pienso en mis hermanos?
A este Dios que es tan bueno le vamos a pedir que nos ayude a crecer en nuestra vida de oración, para que no sea un mero recitar palabras, sino una verdadera relación amorosa con Dios; y a María, Madre de Misericordia, le pedimos que nos regale purificar nuestra mirada para descubrir la presencia amorosa de Dios en nuestra vida.
viernes, 22 de julio de 2016
22 de julio: Santa María Magdalena.
Cantar de los Cantares 3,1-4a; Salmo 63(62),2.3-4.5-6.8-9; Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18.
Queridos/as hermanos/as:
¡Qué bueno es Dios! que nos ama y acepta tal como somos, con nuestros defectos y virtudes. Santa María Magdalena es un ejemplo más de esta realidad.
Celebrar la memoria de María Magdalena es celebrar la maravilla del amor de Dios que transforma nuestra vida.
La tradición ha asociado a esta mujer a la prostitución, pero en ninguna parte del evangelio se nos dice tal cosa, sino que el Señor de ella "expulsó siete demonios". Sabemos que el número siete en la Biblia es sinónimo de algo que está completo, acabado; decir que alguien tiene siete demonios es decir que está completamente perdido. María Magdalena era un "caso perdido" para la sociedad de la época de Jesús; pero no así para Dios, que veía en ella a una hija amada, con mucha riqueza para salvar. Con esta mirada Jesús la incluye entre sus discípulas, y sólo esto ya es sanador para ella. Jesús le devuelve su dignidad de persona y de hija de Dios; le ayuda a rescatar de su interior la riqueza que Dios le había regalado y que ella desconocía. Ella es como la mujer del Cantar de los Cantares, que busca al amor de su vida, como dice el salmo, como tierra sedienta, reseca, agostada, sin agua. Pero ha errado en la búsqueda, buscando el amor y la vida fuera de Dios. Esa búsqueda en lugares equivocados la terminó convirtiendo en un "caso perdido". Pero Jesús, el Buen Pastor, la encontró, y la cargó sobre sus hombros. Desde entonces, María Magdalena se convierte en una de las discípulas más cercanas.
El episodio del evangelio nos muestra a María Magdalena en una nueva búsqueda, esta vez, acertada, del amor de su vida. Lo busca de noche, en la noche que le provoca la muerte de su Maestro y Amigo, en la oscuridad de sentido que le provoca este acontecimiento. Un llamado común, "mujer", no la hace reaccionar, pero el ser llamada por su nombre hace que identifique a Jesús, de inmediato. El Evangelio no nos dice qué hizo María al reconocerlo, pero sabemos que se aferró a Él, en una actitud perfectamente normal que provoca el reencuentro con el ser que quiero tanto: como que con su actitud dice "te perdí una vez, ahora nadie me va a alejar de Ti". Sin embargo, Jesús le pide que lo suelte. No es una actitud negativa de Jesús, sino que, como Buen Maestro, sigue enseñando, y ahora le enseña a la discípula que no puede apropiarse de Dios, lo puede amar pero no intentar retenerlo para sí. Este Amor pide comunicarse, y por eso, Jesús la envía a misionar: Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'. La que era un caso perdido, por el Amor de Dios, es transformada en la primera misionera de la Resurrección.
A este Dios tan bueno, le vamos a pedir que nos ayude a tomar conciencia de que Él nos ama y acepta tal como somos, a aceptar a los demás con sus defectos y virtudes; y a María Virgen, Madre de Misericordia, que nos ayude a hacer como María Magdalena, escuchar la Palabra de Jesús, y ponerla en práctica.
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